Tarde-noche de amis

Para poder quedar con las amis se tienen que alinear los astros. Y pasa, si le ponemos muchas ganas y sacrificamos algunas horas de sueño, como una vez al mes.
Últimamente quedamos en el centro.
Como siempre, teníamos muchas cosas que contarnos, así que se ha pasado volando.
Las primeras cervezas se nos han ido en un sitio baratísimo de la Calle Montera que se llama “Mercado Provenzal”.

El sitio es algo pequeño, con mesas y sillas altas de madera, pero abajo tienen mesas normales, que las hemos descubierto al bajar al baño y nos hemos quedado.
Cuatro cervezas enormes, dos minipizzas y dos tapas por 13,20.
El sitio no vale para cenar, al menos con lo que nosotras pedimos. En la carta también hay bocadillos, hamburguesas, sándwiches, montados y cócteles, pero no los hemos probado. Quizás si hay próxima visita.
Te dan la bebida y si comes algo te dan aparato redondo que luce cuando esta listo y vas a por ello (como en TGB).
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Lo malo del sitio: el baño. Y nosotras lo usamos bastante porque La Rubia es de vejiga pequeña….jajaja… Baño pequeño, algo sucio (y olía mal) y sólo hay uno, así que se hacen filas interminables.

Llegó el momento de los regalitos de Reyes.

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La verdad es que es improvisado pero siempre cae algo. Entre regalos y regalos siempre algo nos recuerda a alguna de nosotras y compramos cuatro, siempre cuatro.
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Pulseras de la amistad “Cosquillas a las nubes grises”.
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Una taza personalizada para cada una.

Un set de arqueología para desenterrar los huesos de un dinosaurio.

Y los tarros de poesía de Lemotbulle que ya os conté aquí que compré con la Rubia en Hosten.

Nos movimos para cenar, al principio no teníamos muy claro donde ir, pero nos acordamos que a la vuelta de la esquina estaba “La Gloria de Montera”.

Este restaurante pertenece al Grupo Andilana. He intentado trastear un poco por internet pero no he podido descubrir mucho. Solamente que pertenece a una familia catalana que se dedicaba al corcho pero tuvieron que reinventarse. Tienen un montón de restaurantes en Barcelona, Girona, Palamós y Madrid y también algunos hoteles (pero menos).
Ahora mismo hay seis restaurantes en Madrid y personal es íntegramente de origen filipino (al menos todo el que yo he visto). Rápidos, amables, discretos…

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Ahí están Tábata y Sarabi mirando la carta.

Ninguna teníamos muy claro que pedir, así que al final nos decidimos por elegir varios platos y compartirlos.

Patatas bravas con “chispitas” de chistorra. Estaban muy buenas, sobre todo porque los trocitos de chistorra estaban crujientes, pero no veas lo que picaba la salsa brava. Tuvimos que tirar de pan para calmar el picor.

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Pulpitos encebollados con patatas y ali-oli. Son un clásico. Los tienen en casi todos los restaurantes de la cadena y a cada cual mejor.

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Crujiente de ternera al oporto y arroz cantonés. Este plato no me gustó mucho, pero por ejemplo fue el favorito de Sarabi. Pensamos que el arroz cantonés iba a ser como el del chino, pero nada. La pasta filo crujía, pero no me gustó nada el relleno de carne.

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Macarroncitos gratinados a la boloñesa. El plato más sencillo pero el que más me gustó. El queso de por encima crujía, la carne estaba en su punto y no tenía demasiado tomate.

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Y el postre…. Ya sabéis que no lo perdono…

Pero en este caso fue súper-compartido, que sólo pedimos dos postres para las cuatro: flan de queso con coulis de frambuesa (su versión suave de la tarta de queso con salsa de frambuesa) y locura de caoba y marfil (profiteroles rellenos de nata, bizcocho de chocolate y una especie de crema-mouse de chocolate cubierto con salsa de chocolate blanco y negro).
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Bueno, pues todos estos manjares, el pan y la bebida por 60,80€.

Lo que no tiene precio, de verdad, es poder pasar el tiempo con las amis. Tres mujeres como tres castillos que me hacen muy feliz.

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