Garbancita ya llegó

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Viernes. 12 de febrero. Hace frío y llueve. Trabajo el finde de tarde. Podría ser un día de mierda. Pero lo marco en el calendario como uno de los días más bonitos de mi vida.
Garbancita ya llegó. Anoche mi hermana se puso de parto y esta mañana tenía el móvil petado de mensajes.
Nada más despertarme los he leído todos y con una sonrisa en los labios me he metido en la ducha rauda y veloz, he desayunado un café y he salido corriendo para ir a verla.
Se ha adelantado exactamente una semana. Mi hermana salía de cuentas el viernes que viene, pero ha sido impaciente y no nos ha hecho esperar.
Cuando he llegado al hospital ya estaban en la  habitación. Mi hermana muy cansada y con algo de fiebre, pero dicen que es normal. Ha sido un parto de los que se pueden llamar fáciles, rompió aguas como a las 2 de la mañana y ha dilatado sin ayuda de oxitocina. Bien por ella.
Garbancita estaba dormida. Tan frágil. Tan sucia. Tan suave. Tan feliz…
Mofletes redonditos y manos y pies larguísimos, morritos de patito. Succionando dormida en ese reflejo con el que todos nacemos. Asustándose con los ruidos fuertes.
Es mi segunda sobrina, ya os he hablado de Gatito en otro post. Pero la hemos esperado con la ilusión de ser un miembro más en la familia.
La he tenido que despertar porque tocaba comer. No quería. Me ha mirado sin ver, con esos ojos grises de los primeros días. Sólo el tiempo nos dirá que color serán.
Prometo, aquí y ahora, dar mi vida por la suya. Estar a su lado en el camino de la vida. Escucharla cuando tenga algo que decir. Comprenderla cuando proceda. Darla consejos cuando me los pida. Estar ahí en los momentos buenos, pero también en los menos buenos. Y amarla como lo hace una tía.
Bienvenida al mundo Garbancita.

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