El Mandil

Viernes por la noche. Tiere y yo quedamos a cenar con La Rubia y con dos amigos suyos, un pareja muy maja, por cierto. No teníamos muy claro dónde ir, teníamos que decidir Tiere y yo y decirles el sitio porque ellos salían a las 22:30 de un concierto. Tenía que ser en el centro y algo barato porque estamos con el modo ahorro.

Recuerdo lo bien que comimos en The Basque (podéis leerlo aquí) y que el camarero nos dijo que el restaurante de al lado, El Mandil, era de los mismos socios, así que nos pusimos en camino y le mandamos la dirección del sitio a La Rubia.

Tiere y yo llegamos a las 11. Preguntamos si hay mesa para cenar 5 y muy amablemente nos dijeron que en un segundo no lo miraban. Pedimos un par de copas de vino mientras venía la segunda parte del grupo y nos pusieron una tapa estupenda.

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Me escapé corriendo al baño. Grande y limpio, me encantan los sitios con buen baño. Y más si he quedado con La Rubia y con su vejiga pequeñísima… jajaja… Cuando salí del baño ya nos habian preparado la mesa para 5 y os prometo que no tardé nada de tiempo. Bien por ellos!!

Tardaron bastante en llegar y mientras Tiere y yo estuvimos mirando la carta. Fuera de ella tenían: Morcilla de Burgos, Carpaccio de Calabacín y Huevos Rotos con Gambones al Ajillo. Los camareros estuvieron todo el rato muy atentos,  pero sin ser pesados y eran todos muy agradables.

Por fin llegaron y miraron la carta. Teníamos dos opciones: pedir todo para compartir o pedir algo para compartir y un segundo. Decidimos la primera opción y cenamos: Morcilla de Burgos y Huevos Rotos con Gambones a Ajillo (que estaban fuera de la carta), Croquetas, Torreznos de Luis y Provolone.

La Morcilla de Burgos un acierto, cortada en rodajitas finas y muy hecha. He de decir que ésta era de arroz y, en general, prefiero la de cebolla, pero estaba muy rica.

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Los Huevos Rotos con Gambones fueron un descubrimiento total, normalmente en todos los sitios a los que vas los ponen con jamón, con chorizo, con morcilla, etc., pero probarlos con este producto del mar me ha abierto los ojos a un nuevo mundo de ingredientes que echarle a los huevos rotos cuando los hagamos en casa.

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La Provolone era una de las mejores que he probado, la cebolla morada y la cebolla caramelizada le daban un toque diferente y muy rico. Lo único que la dejamos enfriar demasiado, culpa nuestra totalmente.

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Las Croquetas… A ver, si habéis leído otros post ya sabréis que no son santo de mi devoción. A mi no me gustaron, pero porque soy muy especialita. Pero al resto de los comensales les parecieron buenas.

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Y los Torreznos de Luis… Que no probé… No por nada, pero me parecía que con los brackets no era la mejor opción… Todos dijeron también que estaban ricos.

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Y ahora el postre… Que me encanta tanto… Pero esta vez solamente probamos dos: la Tarta de Queso (como no) y Galleta Oreo con Helado de Yogurt Griego y Chocolate Caliente.

La tarta estaba buena, pero eché de menos un poco más de frutos rojos, que en lugar de por encima estaba a un ladito como veis en la foto.

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La Galleta Oreo con Yogur y Chocolate caliente me recordó a esas tardes de invierno cuando tienes un montón de ganas de comer dulce y echas en un bol todo lo que se te ocurre y tienes por casa. He de decir estaba buenísimo.

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No os voy a engañar, no recuerdo el total exacto de la cuenta, pero fueron como 16€ por cabeza.

Con la cuenta nos trajeron una ronda de chupitos y gominolas.

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Y no os he contado nada del local!!! Madre mía!! Menuda cabeza!!! El Mandil es un sitio bastante grande. Nada más entrar a la derecha está la barra, que llega casi hasta la segunda parte del local donde están la mesas. Y a la izquierda hay mesas y sillas altas como para tomar algo entre dos y cuatro personas, aunque si sois cuatro andaréis un poco justos. Estas mesas tienen algo que me encanta, perchas para colgar los abrigos y los bolsos, que nunca sabes dónde dejarlos y es siempre un engorro.

La zona de “tomar algo” y el restaurante propiamente dicho, con mesas y sillas bajas, está separado por una estantería con botellas de vino,  los menús, etc. En la zona del restaurante las sillas de colores, las mesas de madera, los espejos, las plantitas…. Toda la decoración está muy bien cuidada.

Cuando entramos había bastante gente y mucho escándalo, pero conforme fue avanzando la noche y la gente se fue yendo el ruido bajó muchísimo y estuvimos mucho mas a gusto. Momento en el que nos dimos cuenta de que al fondo del todo, en un recodo del salón, había una mesa grande con unas chicas que estaban de despedida de soltera. La novia vestida de vaca, las amigas de vaqueras… Fue divertido, porque a última hora empezaron a interactuar con el resto de personas que estábamos cenando en el restaurante y nos ganamos un plato más de chuches.

Bueno, balance positivo de la velada. Os recomiendo que probéis, aunque sea para unas cañas y un pincho, que también tenían muy buena pinta.

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